La expresión “talento” de usa con mucho más frecuencia de la debida. Casi siempre la intención es ser amable, demostrar optimismo. La definición de la Real Academia Española es que una persona con talento es aquella con inteligencia y aptitud para ejercer una determinada posición. Para mí, el verdadero talento va más allá, supera los límites esperados y descritos en el conocido “principio de Peter”, que habla de la máxima capacidad de una persona, cuando más allá de de un determinado puesto, ésta ya no sería capaz de hacer su trabajo. A principios de la década pasada, conocí a un mexicano con verdadero talento, pero entonces no sabía yo quién era él.

Aguascalientes estaba de fiesta, como siempre durante la Feria de San Marcos. Habíamos visitado una vez más las impresionantes instalaciones de Nissan Mexicana y en la noche nos dispusimos todos a cenar y tomar una merecida cerveza. A mi lado se sentó un señor que no conocía, pero nos llevamos bien de inmediato, platicando sobre autos, su producción, la feria de San Marcos, el crecimiento de Aguascalientes y muchas otras cosas. No nos habíamos presentado hasta que él me dijo: “Por cierto, mucho, soy Armando Ávila”.

Claro que yo sabía que Armando era un ejecutivo de Nissan. Estaba yo ahí invitado por la marca y él era parte de la comitiva de recepción, aunque solo lo vimos ya en la cena. Por si mi capacidad de observación no fuera nada buena, usaba una camisa blanca con el nombre Nissan bordado en color rojo. Lo que no sabía en ese momento era lo alto que ya se encontraba en la corporación alguien que, en Aguascalientes, es tratado con el respeto que se dedica a un Gobernador del estado.

Mirando arriba hacia el nombre de México

En 1983, Ávila comenzó a trabajar en Nissan como ingeniero de procesos, puesto que ocupó hasta 1986 cuando fue nombrado jefe de ingeniería en la planta de motores. La escalada nunca se detuvo pero comenzó a percibirse más allá de las plantas productivas de Nissan Mexicana en 2005, cuando este hombre, nacido en Aguascalientes y graduado en ingeniería mecánica por el Instituto Tecnológico de Aguascalientes, fue nombrado Vicepresidente de Manufactura de Nissan Mexicana.

Fue bajo su liderazgo que las plantas de la marca se posicionaron como las mejores en la empresa. Un año después de su llegada a la Vicepresidencia, la fábrica A1 en Aguascalientes alcanzó el primer lugar en el ranking global de manufactura en Nissan.

La preparación que llevó a Armando Ávila a llegar tan alto en su carrera no se dio solo en su universidad y en el campo de trabajo. Él estudió diseño de engranes, control numérico, mantenimiento, control de producción e ingeniería en Japón, al igual que las filosofías Hoshin Kanri (método japonés para lograr objetivos estratégicos de largo plazo) y Genba Kanri, un sistema de resolver los problemas observando constantemente la producción en el piso de una fábrica. También estudió Liderazgo, Competitividad y Alta Dirección en Londres. Ávila logró muchos premios para la empresa y para él mismo en sus 37 años de carrera en la marca nipona, tal vez el más destacado a título personal haya sido el nombramiento como Ejecutivo del Año, en 2014, directo del CEO global de Nissan. Sin olvidar el premio más importante: Global President Award, que ganó nada menos que cinco veces. Cuando un japonés escucha su nombre, piensa en la enorme capacidad de los mexicanos.

Cuando la fábrica de Renault-Nissan en Curitiba, Brasil, necesitaba perfeccionar algunos métodos, fueron ingenieros mexicanos los llamados para mostrar lo que habían aprendido con Ávila en Aguascalientes. Cuando Infiniti y Mercedes-Benz comenzaron a construir la planta Compas, también en Aguascalientes, era apenas natural que Armando Ávila fuera nombrado líder de ese proyecto.

Hoy Ávila decide retirarse de la empresa para dedicarse a proyectos personales y a donar un poco más de su siempre valioso tiempo a su familia. Si alguien merece descansar, es él. Si hay alguien que mostró a todos que en el centralista México, alguien que nació y estudió lejos de la capital puede destacar de la manera que lo hizo, produciendo reacciones de respeto hacia él y hacia México por donde pasó, es Armando Ávila. De mi parte solo puedo decir que conocerlo fue uno de los grandes honores de mi carrera como periodista y ojalá algún día podamos repetir, él y yo, una comida junto a un buen tequila y hablar de algunas de las miles de historias fascinantes que tiene para contar.