Antes de 2019, las leyes mexicanas prácticamente no exigían seguridad en los autos vendidos en este país. A partir de ese año se dio un paso muy importante en esa dirección al exigir que los vehículos de nuevo ingreso tuvieran por lo menos dos bolsas de aire y frenos ABS. Un año más tarde esta regla pasó a ser obligatoria para todos los autos. Fue una buena e importante evolución pero no podemos conformarnos con esto y hay que seguir en la búsqueda de vehículos cada vez más seguros. El detalle es que, en algunos casos, ni siquiera se cumple esa ley y aun cuando sí se cumple, hay casos donde no es suficiente.

Hay poco menos de 20 vehículos en México con dos bolsas de aire o menos. Sí, los hay con menos. Uno, de hecho, no cuenta ni siquiera con una bolsa de aire y me refiero al eléctrico Zacua. Al menos un par de vehículos comerciales, como las van VW Caddy (de carga) y la Ford Transit Courier, solo tienen bolsa de aire para el conductor.

Cuando hablo sobre la importancia de las bolsas de aire para la seguridad de los autos, con frecuencia recibo argumentos contrarios, que afirman ser la estructura del vehículo lo que realmente salva vidas. En general ese argumento es y fue usado por vendedores de vehículos que ofrecían menos bolsas de aire que sus rivales. La verdad es que ambas cosas son importantes y una no protege realmente si la otra no existe. Hay ejemplos.

La Renault Duster, vendida como Dacia en Europa, tiene tres estrellas de seguridad de EuroNCAP gracias a sus seis bolsas de aire, ya que en América Latina, donde LatinNCAP ya adoptó los mismos estándares de prueba de su contraparte europea, la Duster con solo dos bolsas de aire recibió calificación de cero estrellas.

En el otro extremo la Honda HR-V, que por mucho tiempo en México fue de las que sus vendedores defendían la importancia de su estructura que, decían, al ser tan buena no necesitaba tantas bolsas, quedó evidenciada por la prueba de choque lateral de la IIHS estadounidense, precisamente porque su estructura no aguantó el impacto y penetró en la cabina. El resultado: calificación pobre.

El siguiente paso

El equilibrio, como siempre, es la receta. Una buena estructura, reforzada con la mayor cantidad posible de bolsas de aire, hace que los autos sean más seguros. El detalle es que los consumidores no tenemos cómo saber qué tan buena o mala es la estructura de un auto, al menos no antes de que alguna institución fiable haga sus pruebas, pero siempre podemos saber cuántas bolsas de aire tiene y esas, como la salud, el dinero y el amor: nunca son suficientes.

Claro que la gran mayoría de los vehículos con solo dos bolsas de aire están en la parte baja de la pirámide de precios, pero no todos. Ya vimos el caso de Zacua, que cuesta 599 mil. La Mitsubishi L200 solo ofrece más de dos bolsas (siete, de hecho), en su versión más equipada, que cuesta 670 mil pesos. La GLX manual, con precio de 582,900 pesos, solo tiene dos.

Por menos de 250 mil pesos, por ejemplo, solo tienen más de dos bolsas el Renault Kwid, con cuatro y los Nissan March y V-Drive, el antiguo Versa (ambos, por cierto, también reforzaron sus estructuras) que tienen 6 bolsas de aire. Me parece justo mencionar que el Mitsubishi Mirage G4 cuesta 252 mil pesos y también tiene seis bolsas. Excepto el Kwid, todos los mencionados ya cuentan con el equipo que debería ser la siguiente exigencia de seguridad: el control electrónico de estabilidad. Argentina, por ejemplo, ya lo exige. En Brasil será obligatorio a partir de 2024. Ojalá pronto haya una ley mexicana que haga mandatorio el uso de ese equipo, par seguridad de todos.

Hoy el consumidor analítico no tiene por qué comprar un coche con menos bolsas de aire ya que hay opciones por precios similares y a veces hasta menores. En lugar de un Accent, que solo ofrece seis bolsas en su versión más equipada, puede comprar un Rio que ofrece seis en todas las versiones menos la primera. Y en lugar de ese Rio, se puede comprar un V-Drive o un Mirage G4 porque si ya sabemos que la autoridad – actual y pasada – hará poco o nada para protegernos, hay que hacerlo nosotros, comprando con el cerebro y no con el corazón.

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