En 1967, México comenzó a hacer fabricar el Vocho en Puebla. Siete años más tarde, ese mismo modelo dejaba de ser fabricado en Alemania porque ya era un auto obsoleto para aquel mercado, que asumió el Golf como una especie de substituto del auto más popular de ese país. Pero aquí el Vocho siguió siendo fabricado hasta 2003, cuando finalmente pasó a ser obsoleto para el público mexicano, que no adoptó el Golf en su lugar, obviamente, sino vehículos como el Chevy, el Atos, Tsuru o el Ford Ka, más baratos y tecnológicamente inferiores al Golf, pero superiores al Vocho. Esos 29 años de distancia entre México y Alemania, es lo mínimo que debemos esperar también para la adopción masiva de los autos eléctricos, si es que esa tecnología efectivamente se consolida como la opción viable para substituir a los motores de combustión usados desde hace más de 120 años.

Es una de las preguntas más frecuentes que recibo hoy en día tanto en charlas con amigos como en las redes sociales: “¿Cuándo los autos eléctricos van a ser más populares, menos costos y venderse más que los de combustión interna?”. Si del mercado dependiera, incluso en el primer mundo, digamos, en Estados Unidos, aún faltan muchos años para que esto suceda. Diría incluso que más de dos o tres décadas. Porque el mayor problema de los autos eléctricos el día de hoy es el elevado tiempo de carga, que hace que el coche no pueda ser usado como vehículo de diario sin una dosis de sacrificio. Incluso si adquirimos el hábito de cargarlos en nuestras casas todas las noches, salir a carretera requiere planeación cuidadosa y solo ir a destino donde en el camino exista la posibilidad de cargar el auto, pero aún así, no es lo mismo que un auto a gasolina. Para muestra están los dueños de Tesla en California, probablemente el lugar del planeta con más vehículos Tesla por metro cuadro en el mundo, lo descubrieron en un feriado de Acción de Gracias en 2019, cuando la fila para cargar sus autos en San Luis Obispo, California, era de decenas de vehículos que tuvieron que esperar varias horas para conseguir que 80% de sus baterías tuvieran carga.

Tiempo, costo y precio

Sin embargo, ante la ausencia de ambición de los consumidores para comprar tantos autos eléctricos como quisieran muchos, varios gobiernos comenzaron a poner fecha para la prohibición de la venta de vehículos con motores de combustión interna. Muchos ponen esa fecha en 2030 y debido a esto, muchas marcas han anunciado que a partir de 2030 solo producirán vehículos eléctricos, entre ellas la sueca Volvo.

Particularmente tengo mis dudas de que la promesa se cumpla en ese plazo y no lo digo por Volvo, o Lincoln o Honda, entre otras marcas, que hicieron promesas similares, lo digo porque eso no depende solo de ellos, depende también de la infraestructura de cargadores que necesita ser construida, incluso, insisto, en el primer mundo, como ya vimos con el ejemplo de California citado anteriormente. Como aún faltan más de ocho años para que llegue ese plazo, hay tiempo suficiente para que marcas y gobiernos pospongan esa fecha hacia alguna más realista. Y si así va a ser en los países desarrollados, en el resto del planeta la situación es aún más complicada.

En México, por ejemplo, CFE vive una etapa donde los apagones son cada vez más frecuentes y tardan más tiempo en ser resueltos, ahora imagínense si además de surtir energía para la industria, el comercio, la iluminación pública, las casas de la población, etcétera, tuviera que cargar también, digamos, 5% del total de la venta de autos por año, es decir, cerca de 50 mil autos cada 12 meses.

Por último, pero no menos importante, está la educación necesaria de la población para respetar los sitios de estacionamientos para autos eléctricos, cuando esa misma población con mucha frecuencia no respeta ni siquiera lugares para personas con capacidades diferentes. Y no pasa solo en México, sino en casi toda América Latina.

Si, en este momento, el futuro parece estar lleno de autos eléctricos, aunque no sabemos cuándo se podrán cargar en 6 minutos – que es el tiempo promedio que se toma para llenar un tanque de gasolina – no sabemos cómo reciclar de manera económicamente viable las baterías ni tenemos idea de cuándo éstos costarán lo mismo o menos que un auto de gasolina. Y cuando esos problemas se resuelvan en países como Alemania, probablemente nos falten 30 años más para que en México podamos usar esas soluciones.

Hay gasolina para rato. Un buen rato.